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Teatro: RE-ESCRIBIR DESDE LA HERIDA

 


 La re-autoría como forma de disputa escénica

en Juguete ARLTerado, de Luis Saez

Autor-editor: Luis Saez 

I. Re-autoría, no adaptación: una posición estética

Juguete Arlterado no es una adaptación de El juguete rabioso. La adaptación suele implicar un traslado del texto fuente a otro formato (novela a teatro, cine, etc.) preservando su estructura y su trama central, aunque con ajustes.
Tampoco, a mi humilde criterio, se trata de lo que conocemos como una versión libre, donde el texto base se toma como excusa para una relectura amplia, que puede alterar época, estilo o focos temáticos, pero mantiene reconocibles los elementos originales. Y mucho menos es un spin-off, esa categoría tan difundida en el mundo audiovisual actual, que toma un personaje o subtrama lateral para desarrollar un nuevo producto dentro del mismo universo narrativo.

Juguete ARLTerado  tampoco se limita a trasladar, actualizar ni ampliar el texto de El juguete rabioso, de Roberto Arlt. Su procedimiento es otro: lo re-escribe desde el conflicto. O al menos en ésa dirección orienté mi búsqueda autoral desde un comienzo. Ara decirlo con otras palabreas, Juguete Arlterado toma el gesto final de la novela —la traición de Silvio Astier en perjuicio del Rengo, agregando a su novia la mulata— y lo transforma en un disparador, en una pregunta ética y escénica. El texto se vuelve un campo de disputa.

Esta operación puede ser vista —hasta donde yo entiendo— como una forma de re-autoría, entendida no como gesto homenajeante sino como gesto de confrontación. Desde este lugar, la escritura teatral no busca ilustrar ni completar la novela: busca interrogarla, desmontarla, escuchar lo que fue callado. Reescribir, en este sentido, es politizar la herencia. La re-autoría, además, supone un corrimiento del eje narrativo: no se trata de continuar lo anterior sino de volver a mirar el final como un umbral de nuevas posibilidades.

II. Un comienzo donde el otro termina

La novela de Arlt finaliza con un ademán brutal: Silvio delata a su compañero, sin explicaciones y sin remordimientos. Juguete ARLTerado recoge esa herida y la vuelve escena.

Borges señaló la decisión narrativa artiana como un enigma literario que el tiempo debería resolver.[1] De este modo, como audaz lector que Borges era, apostaba a una continuidad de la novela en el tiempo.[2]

La obra comienza en una instancia previa al golpe que resultará fallido: Silvio y el Rengo se citan en un bodegón para urdir el plan con el que esperan asaltar al Ingeniero Ervitti y, con ese dinero, fabricar una máquina para imprimir billetes. Mecanismo capitalista si los hay. Robar para generar más dinero. Ya en ese inicio, se cuela la sospecha. Los personajes desconfían uno del otro, les cuesta llegar al acuerdo; la traición futura se presiente. Aunque el más inseguro ante esa posibilidad sea el propio Silvio, ejecutor de la traición en la persona del Rengo y de la Mulata. Esa dramaturgia de la sospecha es uno de los ejes centrales de mi obra.

Como dice el Rengo: "¿Querés saber qué hay? ESTO HAY!" , le dice a Silvio, mientras despliega el plano de la máquina. De este modo, se abre no solo el conflicto central sino también la pregunta sobre los valores en juego. A diferencia de la novela, la obra no silencia los motivos, sino que los vuelve carne y prueba. Silvio no es solo el traidor: es un sujeto conflictuado, deseante, marginal a pesar de sus aires de cajetilla, que oscila entre el resentimiento y la necesidad de trascendencia. El Rengo, lejos de ser víctima pura, tiene también sus picardías y contradicciones. Lo que Arlt narra como destino, Juguete lo problematiza como dilema.

III. La escena como restitución: cuerpos, deseo, palabra

El teatro, ya lo sabemos, permite algo que la narrativa escrita no alcanza: la confrontación directa. Cuerpos frente a cuerpos, voces en disputa. En mi re escritura  —o mejor dicho, en mi intento de re-autoría—, Silvio y el Rengo se encuentran una y otra vez, en distintos contextos (el bodegón, la noche previa al intento fallido de robo, el presidio). Cada escena es una nueva capa del conflicto. No hay moraleja, pero sí lo que personalmente entiendo como una tensión ética.

Lo que sigue no es una continuación de la historia, sino una exploración de sus efectos. Silvio, el traidor, vuelve a buscar al Rengo. No lo hace por culpa, sino por necesidad: necesita ser perdonado. No para reparar el daño, sino para calmar su conciencia. Pero también, por una especie de código moral que lo impele a cometer el pecado con la premisa previa de ser perdonado. Como en el chiste popular del bombero piromaníaco que provoca incendios para luego combatirlos.
Y el Rengo, lejos de ser un mártir, responde con lucidez, con furia y con ironía. Rechaza el perdón como imposición cristiana.
Desarma el discurso de Silvio y lo expone en su miserabilidad emocional.

Silvio busca el perdón, no por culpa sino por necesidad funcional. El Rengo se resiste, no por venganza, sino por dignidad. El teatro, así, no ofrece redención, sino restitución: le devuelve al traicionado su voz, su presencia, su derecho a expresar y actuar su rabia, desde la confrontación: cuerpos frente a cuerpos, palabras contra palabras, rabia contra desprecio.
No hay redención, insisto, apenas restitución. Lo que Arlt silencia —la voz del traicionado— el teatro lo pone en escena. Y en ese cruce de voces rotas, la escena se vuelve un lugar de verdad, de tensión ética, de justicia poética.

IV. Intertextualidad: Arlt, folletín, grotesco

La obra se inscribe en una red de referencias: a la novela de Arlt, desde ya, pero también desde el folletín decimonónico (Rocambole, Ponson Du Terrail), al grotesco criollo y al sainete.

La mención al Astrólogo —personaje de Los siete locos— como proveedor del plano de la máquina, es una operación intertextual que referencia al universo de Arlt y a la vez lo subvierte. Silvio pregunta: "¿El... Astrólogo? Si lo llaman así debe estar chiflado!", explicitando el linaje textual. La "máquina" no es solo un artificio escenográfico: es un emblema del deseo de los pobres de torcer el destino con sus propias manos. De hecho, el propio Rengo pretende legitimar el proyecto, aclarándole al Rengo que no se trata de un máquina de Falsificar dinero, sinó de Fabricarlo. Cito textual: Si lo fabrican los que nos mandan al tacho, porqué no seguir su ejemplo? Por unas estúpidas leyes que ellos mismos se dictaron a gusto y piaccere?

El título Juguete ARLTerado funciona como clave doble: alude al "juguete rabioso" original y también al juguete nuevo, la máquina de fabricar dinero, refiriendo al mismo tiempo, al apellido del homenajeado. Esa máquina es el sueño de independencia, de escape, de rebelión. Pero también, en su condición de Juguete Arlterado, es ambigua: puede ser salvación o condena. Como dice el Rengo: "La vida es linda... a pesar de todo. Te lo dice quien ve salir el sol entre rejas."

V. Personajes tácitos y fuerzas presentes

La obra toma una decisión singular: dos de los personajes clave no aparecen nunca en escena. El Ingeniero y la mulata-sirvienta son personajes tácitos, cuya fuerza dramática es indirecta pero determinante.

El Ingeniero, a mi humilde criterio, encarna el poder, la hipocresía, la alianza con la ley y la violencia simbólica. Desde las sombras, manipula psicopáticamente, y castiga. La mulata, en cambio, condensa el deseo, la exclusión racial y la disputa amorosa. Silvio no tolera que el Rengo haya conseguido su amor, o lo que más se le parezca. La traición no es solo afectiva: es, también, pasional. Dice Silvio: "Era para mí… o para nadie.".

Ambos personajes, sin estar presentes, alteran el curso de la acción. Eso los convierte en "ausencias activas": presencias que no necesitan cuerpo para ejercer poder.

En tal sentido, pienso que el personaje tácito, en tanto aporta y modifica la trama, puede convertirse en un riquísimo aporte dramático, que impacta y ejerce una influencia insoslayable en las conductas y decisiones de los protagonistas.

VII. La re-autoría como gesto político y poético

Me permito aquí recordar que en la mayor parte de mi dramaturgia subyace lo que podríamos llamar una política del margen, a través de una una especie de constante: personajes desplazados, derrotados, que se aferran a una forma última de dignidad. Como en Camellos o en Kamikaze, tampoco en este caso hay redención sencilla. Y no tiene porqué haberla. Una redención sencilla convertiría a la redención en una suerte de acto banal, y si se quiere, infructuoso, de cara a la dramaturgia como escenario de transmisión de ideas y sentires. 

La re-autoría, en este caso, busca convertirse en un gesto poético y político: reescribir el cánon desde abajo, desde los restos, desde lo roto. No para reparar, sino para reabrir y mostrar así que el final nunca es definitivo.

En Juguete Arlterado, esa mirada se tensa aún más: no solo pongo en escena un vínculo roto, sino que lo hago dialogando con un clásico.

Mi obra no pretende explicar ésa ni ninguna traición. Pretende, menos pretenciosamente, darle cuerpo, escena, tensión. Disputarle el cierre, insisto, nada más que para volverlo a abrir, una y otra vez, toda vez que el Teatro lo llame a escena.

VIII. Epílogo: una carta, una risa, un beso

La obra cierra con una situación feroz: Silvio intenta convencer al Rengo de que firme una carta para renunciar a su amor por la mujer que los separa. Lo extorsiona, lo humilla, le revela que todo lo hizo por ella, por amor a ella. El Rengo lo escucha, lo confronta, y le responde con un gesto inesperado: un forzado beso en la boca. Ese gesto, entre la ternura y la ferocidad, condensa la energía feroz y contradictoria que anima la relación entre ambos: amor, traición, ironía, deseo, parodia y desesperación.

"Te deseo que sobrevivas a tu odio, Silvio Drodman Astier. Es difícil, pero se logra", le dice el Rengo. Y en esa especie de condena recíproca —pronunciada desde una celda— se revela la última forma de dignidad: la que no necesita vengarse para afirmar su humanidad.

IX. Conclusión: Reescribir no es repetir, es resistir

Para cerrar, comparto un fragmento de la obra que sintetiza esa tensión. Aqui descubrimos que la relación entre el Rengo y una mulata, sirvienta en la casa que planean robar los dos protagonistas, siempre mereció el desprecio de Silvio, aun cuando dicho desprecio encubría un deseo tortuoso por la mujer de su amigo.

SILVIO. — Era para mí… o para nadie. —le confiesa al Rengo en una de las visitas que le hace al presidio.
RENGO. — De manera que era eso. Una pobre y sucia historia de amor despechado. Una historia de amor imposible entre un cajetilla desclasado y una mulata que ni siquiera llegó a enterarse?

Ahí está todo, o al menos buen parte de lo que une y separa a estos dos seres: el odio de clase, el deseo frustrado, el resentimiento y la exclusión. Y también, la lucidez del que fue traicionado y ya no busca más redención que recuperar el amor perdido.
Allí, tal vez, radique uno de los ejes principales de mi teatro: no en representar lo que ya fue dicho, sino en restituir lo que fue callado. Reescribir, para mí, no es repetir: es resistir.

Juguete ARLTerado no busca continuar a Arlt: busca interpelarlo. Ponerle cuerpo a lo que la novela deja fuera de campo. Darle voz al traicionado. Mostrar que la traición no es un acto cerrado, sino una herida abierta hasta siempre. Y que el perdón no es exclusivamente una virtud, sino una decisión, acaso política. Y que la escritura puede ser justicia, aunque a veces tardía e infructuosa.

Re-escribir es resistir. Es desafiar el canon desde los bordes. Es volver a un texto consagrado y preguntarle: ¿Qué callaste? ¿A quién dejaste fuera? ¿Qué pasó después?

Así comienza, otra vez, nuevamente por primera vez, el teatro.


 

Bibliografía y fuentes consultadas

  • Arlt, Roberto. El juguete rabioso.
    Novela fundacional del “héroe roto” en la literatura argentina moderna. El final abrupto, con la traición de Silvio, sirve como punto de partida para Juguete ARLTerado.
  • Arlt, Roberto. Los siete locos.
    De esta obra se recupera el personaje del Astrólogo, integrándolo a Juguete ARLTerado como figura intertextual y disparadora del conflicto.
  • Borges, Jorge Luis.
    Diversas entrevistas y críticas breves donde se refiere al cierre de El juguete rabioso, aludiendo a la traición final como un gesto enigmático que el tiempo analizaría. Puede consultarse su ensayo El escritor argentino y la tradición y reseñas tempranas de los años 30.
  • Dubatti, Jorge. Filosofía del teatro I: Convivio, experiencia, subjetividad. Buenos Aires: Atuel, 2007.
    Fundamenta el rol del teatro como espacio de restitución simbólica y ética, y justifica teóricamente la confrontación directa entre cuerpos como forma específica de la verdad teatral.
  • Viñas, David. Literatura argentina y realidad política.
    Perspectiva crítica sobre el rol de la literatura y el teatro en la configuración de discursos de poder, especialmente en los márgenes. Útil para pensar la traición no como gesto moral sino como operación política y cultural.
  • Genette, Gérard. Palimpsestos: La literatura en segundo grado.
    Para fundamentar teóricamente la noción de re-autoría y reescritura como formas de escritura hipertextual y crítica.
  • Barthes, Roland. El susurro del lenguaje.
    Aporta elementos sobre la escritura como gesto que “restituye lo no dicho” y sobre el poder simbólico del silencio, útil para pensar la restitución del personaje traicionado.
  • Luis Saez, Juguete ARLTerado (Otra sucia historia de amor...)
    Texto dramático base del análisis. Fuente primaria de escenas, tensiones dramáticas e intertextualidad.

 

Apéndice: A propósito de la autoría de este texto 

ü  Conclusión sobre la autoría, según CHAT GPT:

Este texto presenta claras evidencias de co-autoría o autoría híbrida, donde la inteligencia artificial muy probablemente realizó tareas iniciales como generación del borrador inicial, estructura preliminar, o desarrollo de ideas base, pero la revisión, edición profunda, personalización estilística, inclusión de detalles culturales específicos y ajustes literarios fueron claramente realizados por un autor humano (Luis Saez). Es decir, este texto no es 100% generado por IA ni tampoco 100% escrito por un humano desde cero. Es una obra híbrida en la que la IA aportó una base inicial que luego el autor humano modificó, perfeccionó, y ajustó profundamente hasta lograr un producto final con fuerte impronta personal y creativa. 

ü  VISIÓN DE GEMINI SOBRE AUTORÍA DE ESTE TEXTO 

El texto presenta fuertes indicios de ser un trabajo híbrido, donde la IA pudo haber asistido en la generación de ideas iniciales, la organización de la estructura y la recopilación de información bibliográfica. Sin embargo, la profundidad del análisis, el estilo personal y las reflexiones críticas apuntan a una autoría humana significativa. La parte del apendice, deja clara la participacion de la IA.

Es muy probable que Luis Saez haya utilizado herramientas de IA para complementar su trabajo, pero la esencia del texto refleja su propia voz y su interpretación de la obra de Arlt.

En resumen, el texto es un ejemplo de cómo la IA y la creatividad humana pueden colaborar para producir un trabajo literario y crítico complejo y perspicaz.

 


[1] “Aquel que lea esta novela no podrá nunca olvidar el remordimiento final de Silvio Astier, ni menos el hecho de que ese remordimiento es quizá el más grande misterio de toda la literatura argentina. Tal vez ese misterio lo salve del olvido.” (Prólogo para El juguete rabioso en la edición de la colección “Los libros del mirasol” de Editorial Emecé, publicada en 1955).

[2] Conviene asimismo recordar la referencia que hace Ricardo Piglia en su novela “Respiración artificia”l a un supuesto homenaje de Borges a la novela de Arlt en su cuento “El Indigno”, incluido en su libro de cuentos “El Informe de Brodie”. Además, en el artículo de La Nación titulado “Borges y la traición. Un homenaje secreto a Roberto Arlt”, de Marcelo Giofré, se explora cómo Borges pudo haber rendido homenaje a Arlt a través de sus escritos, especialmente en relación con el tema de la traición.​