Literaturas: TLöN, UQBAR, ORBIS TERTIUS O LA FRAGILIDAD DE LO REAL


Tlön, Uqbar, Orbis Tertius:

La fragilidad de lo real.



Autor/ editor: Luis Saez


Nota: Este trabajo forma parte de un estudio que tentativamente titulamos 

Borges: IA y escritura esferoidal, en plena etapa de corrección.


El complot del conocimiento

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges narra el descubrimiento de un planeta ficticio, creado por una vasta conspiración de eruditos que, a lo largo de siglos, inventan su historia, sus lenguas, su filosofía, su literatura. Tlön no existe, pero su coherencia lo vuelve irresistible. El proyecto secreto de Uqbar se convierte en una enciclopedia total, y lo ficticio comienza a infiltrarse en la realidad.

La moraleja borgeana es inquietante: un mundo inventado puede terminar sustituyendo al real si su relato es lo suficientemente convincente. El universo no se sostiene en lo que “es”, sino en lo que creemos y repetimos como si fuera real.

La IA como conspiración enciclopédica

La inteligencia artificial encarna hoy esa conspiración de Tlön. No se limita a describir el mundo: lo fabrica. Sus respuestas son fragmentos de una enciclopedia infinita que combina datos reales, ficciones y errores, generando un espacio intermedio donde la verdad y la invención se confunden.

Como Tlön, la IA no requiere existir “materialmente”: basta con que sus descripciones se propaguen para que empiecen a impactar en la realidad. Un texto generado por la máquina puede circular, ser citado, tomado como fuente. El simulacro se convierte en hecho, la ficción en documento.

Lenguaje y mundos posibles

En Tlön, el lenguaje determina la visión del mundo: hay lenguas que no usan sustantivos, sino verbos, o que prescinden de conceptos abstractos. El idioma configura la ontología. Aquí Borges anticipa una intuición central: cambiar el lenguaje implica cambiar la realidad.

De ese modo la IA, que trabaja sobre la base del lenguaje humano, funciona como un laboratorio de mundos posibles. Cada variación textual abre un universo distinto, cada reformulación inventa un microcosmos. El riesgo es que esa proliferación, como en Tlön, empiece a sustituir lo que llamamos realidad por una multiplicidad de ficciones verosímiles. El concepto mismo de verosimilitud corre el riesgo de modificarse, peligrosamente.

En tal sentido, nos preguntamos si el mensaje subyacente en esta historia no remite inevitablemente a esta realidad donde prácticamente cualquier forma de lenguaje (oral, audiovisual, etc.) puede convertirse en vehículo de falsificación o, como se lo ha dado en llamar, en estrategia de posverdad.

El triunfo de Tlön como advertencia

Borges concluye el relato con la constatación de que Tlön terminará por desplazar a nuestro mundo. Sus objetos, su historia y su lengua irán colonizando el nuestro hasta hacerlo desaparecer. La ficción, cuando se vuelve sistema, anula lo real, parece ser la propuesta. 

La IA comparte esa potencia y ese peligro: puede ofrecernos mundos posibles que amplíen la imaginación, pero también puede colonizar la percepción, imponiendo ficciones presentadas como hechos. El triunfo de Tlön es la advertencia: no hay neutralidad en la construcción de mundos.

Una invención que se impone a lo real

Publicado en 1940, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es, a nuestro humilde criterio, uno de los relatos más visionarios de Borges. Parte de una anécdota mínima —la aparición de una entrada apócrifa en una enciclopedia— y pronto despliega un hallazgo inquietante: un planeta ficticio, Tlön, creado por una sociedad secreta de intelectuales (Orbis Tertius), con su filosofía, su historia, sus lenguas y hasta su metafísica.

El objetivo de esa organización no es estético ni filológico, sino ontológico: inventar un universo tan coherente y sistemático que termine reemplazando a la realidad. La ficción, de ese modo, se vuelve invasiva cuando objetos materiales de Tlön irrumpen en nuestro mundo, certificando su existencia.

El mecanismo de colonización

El procedimiento que describe Borges es escalonado:

1 — Se instalan textos falsos (entradas de enciclopedias, tratados, manuales).

2 — Comienzan a circular objetos físicos de Tlön (monedas, brújulas, libros).

3 — Finalmente, los hombres aceptan la cosmovisión inventada porque resulta más clara, bella y organizada que la compleja realidad.

El relato revela así la fragilidad de lo real: basta un sistema simbólico lo suficientemente atractivo para suplantarlo.

Resonancias históricas: nazismo y fascismo

Borges expone en Tlön una alegoría del totalitarismo:

— Un sistema cerrado y absoluto que explica todo.

— Una organización clandestina que trabaja para imponerlo.

— La fascinación que produce en las masas, cansadas de contradicciones.

De este modo, Tlön refleja el modo en que los totalitarismos colonizan la realidad con un relato único, coherente y devastador.

Prefiguración de la colonización digital

Lo asombroso es que el mismo relato también anticipa dinámicas propias de nuestra era:

— Orbis Tertius: Corporaciones tecnológicas que concentran datos y algoritmos.

— Enciclopedias de Tlön: Bases de datos y sistemas de IA, que producen universos de sentido aparentemente exhaustivos.

— Objetos de Tlön: Outputs digitales (textos, imágenes, voces sintéticas, depares) que circulan como si fueran reales.

— Fascinación colectiva: Adopción masiva de narrativas digitales, muchas veces preferidas frente a la complejidad de la experiencia humana.

Borges prefigura así la colonización digital como sistema cerrado de signos y valores que, en su coherencia, ponen en riesgo a la misma noción de realidad planetaria.

El gesto quevediano: resistencia mínima

Ante la expansión global de Tlön, el narrador decide recluirse en su escritorio y traducir “indecisamente” a Quevedo. Ese gesto mínimo y melancólico es símbolo de una resistencia íntima: frente a la perfección totalitaria de un mundo ficticio, se refugia en lo pequeño, lo artesanal, lo imperfecto.

En 1940 podía leerse como defensa de la cultura frente al fascismo; hoy, como defensa de lo humano frente a la lógica de lo digital. Borges no escapa al artificio —la traducción también es ficción—, pero elige una escala menor, menos peligrosa, más humana.

Vigencia atemporal

El poder de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius radica en su capacidad de anticipación múltiple:

— La vigencia de Borges: Los totalitarismos del siglo XX.

— Del futuro nuestro: La colonización digital y algorítmica del siglo XXI.

Ambos casos comparten similar mecanismo: un sistema simbólico cerrado, seductor y coherente que logra desplazar a la realidad, compleja y contradictoria.

Preguntas para seguir pensando

Nos preguntamos:


— ¿No subyace algo de cuántico en la superposición de los dos mundos que conviven en Tlön, como si uno respirara dentro del otro, sin anularlo? En esa coexistencia de realidades —invisibles, pero latentes— Borges parece intuir que la realidad no se define por su existencia sino por el acto de creerla: el observador crea el mundo, o lo derrumba, con una sola palabra.


— ¿Y no remite este maridaje fantástico a la colonización digital que en la última década viene sumiendo a la humanidad en un estado de mega-confusión originada, paradójicamente, en la sobreabundancia de información?


— Por último: ¿no resultaría fatal confundir deliberadamente información con conocimiento? ¿Obra con contenido?

Conclusión tentativa

Leído hoy, Tlön confirma la vigencia atemporal de Borges. Su relato no es solo una pieza de literatura fantástica, sino también un ensayo narrativo sobre el riesgo de que ficciones organizadas —ya sean políticas o digitales— suplanten al mundo real. O lo sometan a cambios que lo desnaturalicen y pongan en riesgos impensables. Borges se revela así como un anticipador lúcido: un escritor que comprendió que el verdadero peligro no es la violencia directa, sino la fascinación irresistible por los sistemas simbólicos, capaces de reinventar el universo. O, escrito por su propia mano: “El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida poco a poco el nuestro.”


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