Páginas

Nuestros autores: DANIEL DALMARONI

 Lo grotesco, lo político y lo absurdo

en la obra de Daniel Dalmaroni


Autor fundamental de la dramaturgia Argentina de post dictadura, dedicamos este trabajo a analizar las claves principales de su  singularísima obra.

La dramaturgia argentina contemporánea cuenta con una variedad de voces que, desde variados puntos de vista, han explorado con fuerza y originalidad los pliegues de la vida social, cultural y política del país. Entre ellas, la obra de Daniel Dalmaroni ocupa un lugar singular, tanto por su prolífica producción como por la contundencia de su estilo. Nacido en La Plata en 1961, Dalmaroni ha desarrollado una carrera sostenida como dramaturgo, narrador, guionista y docente, consolidándose como una de las voces más provocadoras y lúcidas del teatro argentino de las últimas décadas.

El presente trabajo tiene como propósito realizar un análisis de las temáticas y núcleos semánticos más significativos dentro de su producción dramatúrgica, asi como también de sus procedimientos estéticos y de los modos en que dichas poéticas dialogan con el presente social y la historia del país. No se trata de una lectura exclusivamente literaria ni exclusivamente teatral, sino de una aproximación que combina ambos aspectos con una perspectiva semiótico-escénica. Este enfoque busca iluminar no solo los contenidos de sus textos, sino también las estructuras profundas que los organizan, los núcleos semánticos y las micro poéticas que las atraviesan y nuclean.

La metodología que elegimos para este trabajo se enmarca dentro de lo que podríamos llamar una investigación reflexiva que procura aunar la consulta directa de la dramaturgia de Dalmaroni, el análisis comparativo entre piezas, la revisión de fuentes críticas especializadas (reseñas, entrevistas, trabajos académicos), y la identificación de constantes temáticas, estilísticas y formales, a lo largo de la trayectoria de nuestro autor. Cada sección del trabajo estará acompañada, en la medida de lo posible, por citas textuales de las obras referenciadas, a fin de sostener los análisis con ejemplos concretos que permitan observar y apreciar directamente los recursos expresivos del autor.

A lo largo del estudio se atenderá especialmente a ejes nucleares en su obra, como la violencia doméstica, la memoria política, el crimen como distorsión ética, y el uso persistente de estrategias del absurdo y el humor negro. Así también se propondrá una clasificación tentativa de su producción en zonas temáticas o micro poéticas (política, social, absurda, histórico-paródica), que no pretende ser cerrada ni taxativa, sino una herramienta tentativa de lectura que permita pensar los distintos registros y apuestas de su escritura.

En suma, este trabajo se propone contribuir al estudio del teatro argentino contemporáneo a partir del análisis de una obra tan inquietante como singularísima donde lo grotesco, lo siniestro y lo cómico se entrelazan para retratar con crudeza y lucidez algunas de las zonas más políticamente incorrectas —a veces, hasta el ridículo— de la argentinidad y de la condición humana misma.

 

1. Breve intro: Panorama general de su producción dramática

Tal lo ya referenciado, la producción teatral de Daniel Dalmaroni se caracteriza por una combinación de humor negro, exploración de temáticas controversiales y una notable capacidad para resonar tanto en el público local como internacional, consolidándolo como una figura clave en el teatro argentino contemporáneo, con proyección nacional e internacional, a lo largo de más de dos décadas, con una intensidad poco frecuente en la historia de nuestra teatro. Desde su irrupción con New York (2003), su escritura ha demostrado una capacidad sostenida para generar impacto, interpelar/provocar al espectador y renovar fórmulas dramáticas tradicionales con una mirada corrosiva e inquietante. La crítica lo ha identificado como uno de los exponentes más personales del teatro argentino actual, particularmente por su dominio del humor negro, aunque otras zonas de su obra trascienden ampliamente ese registro.

Desde el punto de vista cuantitativo, Dalmaroni ha escrito más de treinta obras, de las cuales un número importante ha sido estrenado y reestrenado en circuitos oficiales, independientes y comerciales, además de reproducido y difundido a través de numerosas publicaciones. En cuanto a circulación, muchas de ellas —como Maté a un tipo o Cuando te mueras del todo— han sido representadas en diversos países y traducidas a múltiples lenguas, una muestra más de su potencia y capacidad de trascendencia.

Obras como Los opas, Burkina Faso o El secuestro de Isabelita revelan la amplitud de su registro:[1] desde lo doméstico y patológico hasta lo político-histórico y lo alegórico. Sin embargo, esta diversidad no se traduce en dispersión. Por el contrario, su dramaturgia configura un campo de tensiones reconocible, donde ciertos núcleos semánticos se reiteran con variaciones: la familia como celda o ring, la violencia como lenguaje cotidiano, el humor como superficie de lo trágico, entre otros.

En términos escénicos, sus piezas han sido dirigidas por figuras de renombre como Villanueva Cosse (New York), Santiago Doria (Una magnifica desolación) o Ana Alvarado (Estado del tiempo) asi como también el propio autor ha asumido la dirección de varias de sus obras, como El secuestro de Isabelita o Burkina Faso, marcando una impronta autoral y de puesta muy fuertes. No se trata solo de un escritor teatral, sino de un dramaturgo que piensa en escena, y que compone a través del conflicto, el ritmo, la economía de lenguaje y la precisión de lo absurdo.

Una muestra de su estilo puede leerse en un fragmento de Maté a un tipo, donde el protagonista intenta justificar un crimen como si se tratara de un trámite administrativo:

“Lo maté porque estaba parado ahí. Porque era martes. Porque no podía seguir esperando que algo cambie.”

La trivialización del acto violento y su racionalización absurda prefiguran varios de los rasgos de su poética: lo grotesco, la desproporción, la ironía política.

Este recorrido inicial permite trazar algunos vectores que serán desarrollados en los siguientes micro-capítulos del presente trabajo: una dramaturgia que se debate entre lo ético y lo cómico, lo familiar y lo monstruoso, lo político y lo paródico, siempre con una economía verbal precisa y una mirada crítica de fondo. Dalmaroni no construye obras “sobre” la realidad argentina: las pone en el centro de la escena, las descompone, las parodia y las denuncia en una clave que ya es absolutamente propia.

Estilo dramatúrgico y temáticas recurrentes

A continuación, se abordan las marcas de estilo personal que consideramos más destacadas en la dramaturgia de Daniel Dalmaroni, así como su relación con ciertos géneros y tradiciones (notablemente el neo-grotesco criollo) y la presencia de micro poéticas o líneas temáticas particulares en su producción.

Humor negro, grotesco y equívocos

Una de las características dominantes en el teatro de Dalmaroni, tal lo ya señalado, es el humor negro. Sus obras hacen reír al público con aquello de lo que “no se debería” reír: asesinatos, violencias familiares, enfermedades o miserias morales, se presentan a menudo en clave y contexto de lo que podríamos llamar comedia macabra. El propio autor ha expresado, el tan sentido: “hago humor sobre lo que no se puede hacer humor”. Esta inclinación entronca a Dalmaroni con la tradición del grotesco criollo argentino, género teatral que mezcla la risa y la tragedia en entornos costumbristas. De hecho, críticos como Luis Sáez señalan que su escritura “abreva en el grotesco” (además de en la comedia de enredos). En términos generacionales, se lo considera un continuador –llevado al extremo– de aquella genealogía iniciada por Armando Discépolo y continuada por autores como Carlos Gorostiza o Roberto Cossa. Un estudio académico describe su teatro como una “culminación hiperbólica” del grotesco criollo, a tal punto que el propio investigador Gabriel Cabrejas propone denominarlo “grotesco criminal” dada la centralidad del crimen en sus tramas.

La mecánica humorística de Dalmaroni combina lo macabro con lo cotidiano. Ricardo Monti observó en sus diálogos un recurso peculiar: la “lógica infantil” en las réplicas de los personajes. Esto significa que a menudo hablan sin filtro, con la ingenuidad brutal de un niño que dice verdades inconvenientes. Tal franqueza descarnada produce situaciones de comicidad inmediata pero, al mismo tiempo, precipita consecuencias trágicas. Por ejemplo, en Maté a un tipo el protagonista le suelta a su esposa, casi con candidez, que acaba de matar a un desconocido en un ataque de furia callejera; la respuesta de ella es integrar ese hecho aberrante en la rutina doméstica (“mientras no nos traiga un disgusto a casa…”), lo que genera un efecto tan hilarante como siniestro. Estos contrastes entre la banalidad del habla cotidiana y la gravedad de los actos (asesinar, planear muertes, etc.) son fuente de humor negro constante. Asimismo, Dalmaroni muestra maestría en el uso de los equívocos y malentendidos como motor dramático: pequeñas confusiones o informaciones ocultas que, acumulándose, desembocan en situaciones desopilantes y fuera de control. Esta inclinación lo emparenta con la comedia de enredos clásica, si bien en sus obras los equívocos suelen tener consecuencias fatales (por ejemplo, en Cuando te mueras del todo o Una tragedia argentina, donde la falta de comunicación sincera lleva a explosiones de violencia al final).

Por último, el estilo escénico de Dalmaroni no busca la comicidad mediante la farsa histriónica, sino que pide a los intérpretes seriedad y naturalidad en las situaciones más absurdas. Como indicó un crítico, su humor negro opera por acumulación de “lo ridículo, desastroso y horroroso” dentro de una realidad reconocible. El espectador ríe porque los personajes actúan como si fuera normal lo que objetivamente es atroz. Esa risa a menudo se congela hacia el desenlace, cuando sobreviene la catástrofe anunciada. Esta receta –risa inicial, tensión en aumento y remate chocante– es una marca autoral de Dalmaroni y define su aporte original al neogrotesco argentino actual.

 

 

Violencia cotidiana y familia burguesa

Otro pilar de la dramaturgia de Dalmaroni es la representación cruda de la violencia en el seno de la familia y, más ampliamente, en la vida cotidiana de la pequeña burguesía argentina. Sus obras demuestran cómo, bajo la apariencia de la rutina hogareña, acechan impulsos violentos incontrolables, a menudo sin causa aparente y con consecuencias mortales. En muchas de sus historias, los victimarios y las víctimas son parientes, cónyuges, amigos o vecinos que conviven en entornos domésticos reconocibles. Esta naturalización de la violencia –“incausada y gratuita, normalmente mortal y entre integrantes de una familia o supuestos amigos”– es, según Cabrejas, la forma privilegiada de relación humana que exhibe el teatro de Dalmaroni, a modo de reflejo descarnado de la sociedad moderna.

La familia pequeñoburguesa disfuncional aparece una y otra vez como microcosmos en su obra. En Una tragedia argentina (2006), un clan familiar aparentemente común oculta secretos terribles que terminan detonando en un final sangriento. En Los opas (2007), tres hermanos adultos lidian con una madre anciana cuya muerte nunca llega; hastiados, planean “apurar el trámite” de heredar, en una trama de humor negro que recuerda al cuento La gallina degollada de Horacio Quiroga. Dalmaroni retrata a estas familias con realismo crítico: muestra la hipocresía, los silencios y las mentiras que mantienen unida la fachada familiar, hasta que la verdad reprimida irrumpe y destruye ese equilibrio. El propio autor ha declarado su escepticismo hacia la institución familiar, afirmando que “las familias funcionan porque están sostenidas en secretos, mentiras, cosas dichas a medias. Si le quitas todo eso, se viene abajo”. Esta visión pesimista se refleja dramáticamente: quitar las máscaras de la cordialidad familiar en sus obras suele conducir a la anarquía o al crimen.

La estupidez humana y la falta de comunicación son presentadas como catalizadores de la tragedia. Monteleone señala que en el mundo de Dalmaroni el crimen y la maldad derivan de la estupidez. Los personajes suelen ser seres comunes, no especialmente malvados, pero encerrados en su mediocridad y egoísmo. Sus limitaciones morales e intelectuales los llevan a cometer actos atroces casi sin darse cuenta. En Maté a un tipo, por ejemplo, Ernesto mata a desconocidos en la calle por arranques de ira irracional, y su esposa Marta prefiere “mirar para otro lado” para no romper la normalidad doméstica. Esa ceguera voluntaria ante la violencia es retratada con ironía: la esposa actúa como si “un tipo” muerto no importara –“un tipo es nadie, apenas un objeto”, dice la obra– hasta que la realidad les explota en la cara. Dalmaroni evita bajar líneas morales explícitas; no obstante, sus finales suelen sugerir que “la idiotez cuesta cara”. En otras palabras, la violencia incubada en la cotidianeidad termina por devorar a los mismos que la engendraron o permitieron con su pasividad.

En suma, la obra de Dalmaroni ofrece, entre miradas diversas, una radiografía social de la clase media argentina en decadencia, donde el ámbito doméstico deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla moral. Esta temática de la violencia familiar entronca con el grotesco histórico (recordando a obras como La Nona de Cossa, donde la familia planea matar a la abuela voraz y simbólicamente caníbal), pero Dalmaroni la lleva a extremos actuales, con mayor cuota de sangre y nihilismo. Su teatro funciona así como una sátira feroz de la pequeña burguesía, mostrando la monstruosidad latente tras la normalidad aparente. A la vez, la universalidad de estas dinámicas (familias que se destruyen desde adentro) explica que sus “comedias negras” hayan encontrado eco en diversos países .

Política, historia y el peronismo como saga

Un aspecto notable dentro de las micro poéticas de Dalmaroni es su vínculo con lo político, en particular con la historia política argentina del siglo XX. Varios de sus textos incorporan referencias explícitas al peronismo y a otros contextos sociopolíticos, aunque siempre tamizados por el humor y la ironía. El ejemplo más evidente es la serie de obras que el autor reunió como su “Tetralogía peronista”, compuesta por El secuestro de Isabelita (2010), Estado del tiempo, Juego de manos y La comunidad organizada (estas tres escritas hacia 2017, editadas en el volumen Perón Vive). En estas piezas, Dalmaroni explora distintas facetas y épocas del movimiento peronista argentino, desde la fantasía anacrónica de secuestrar a Isabel Perón (Isabelita, ambientada en los ’70) hasta alegorías más contemporáneas sobre la militancia y la identidad peronista (La comunidad organizada toma su título de un famoso discurso de Juan D. Perón).

Lejos de hacer panfletos o dramas históricos convencionales, Dalmaroni aborda lo político con su sello: “de manera virtuosa transforma al peronismo en un laboratorio dramático, sin nostalgias, sin esencialismos”, según observó el investigador Esteban De Gori. Es decir, usa el peronismo como materia prima para crear situaciones teatrales insólitas, desmitificando sus símbolos, pero a la vez revelando cuánto impregnan la vida cotidiana argentina. En El secuestro de Isabelita, un grupo de jóvenes revolucionarios imagina que raptar a la viuda de Perón servirá a “la causa”, pero todo deviene un disparate tragicómico que acaba en violencia fútil. La obra mezcla la nostalgia setentista con parodia: la figura de “Isabelita” (Isabel Martínez de Perón) es tratada a medio camino entre respeto histórico y objeto de burla. Al final, la muerte alcanza a esos jóvenes idealistas, sugiriendo que sus fantasías políticas tenían un costo trágico. En Estado del tiempo (estrenada en 2023), el autor traslada la acción a los años 50, en plena era peronista, retratando conflictos de lealtades políticas dentro de una familia. Y La comunidad organizada ofrece una sátira contemporánea sobre la militancia, con guiños a la liturgia peronista y a la retórica populista.

Dalmaroni, él mismo de formación peronista desde su temprana juventud, aborda estos temas con humor ácido, pero también con conocimiento de causa. Sus personajes peronistas suelen ser queribles y ridículos a la vez: desde fanáticos delirantes hasta burócratas desencantados, pero también víctimas que cargan con las consecuencias de persecuciones o bombardeos. No hay solemnidad en el tratamiento; por el contrario, se evidencia un peronismo cotidiano y “silvestre” que habita el imaginario de muchos argentinos. Las obras juegan con símbolos reconocibles (marchas partidarias, frases hechas, iconografía justicialista) pero los resignifican en tramas disparatadas. Esta aproximación le permite al autor “poner incómodo” tanto al espectador antiperonista como al excesivamente devoto, ya que no se casa con ninguna visión unívoca. En palabras de De Gori, Dalmaroni ejerce un “peronismo lúcido” en escena: comprometido pero a la vez capaz de reírse de sus propias fuentes.

Más allá del peronismo, su teatro político incluye alusiones a otros hitos históricos: la dictadura militar (por ejemplo, en Una tragedia argentina, ambientada tras el golpe de 1976), la Guerra Fría y la cultura yanqui de los ’60 (en El boticario de la Guerra Fría o Una magnífica desolación, donde se cruza el alunizaje de 1969 con la realidad porteña). Incluso en obras de tono más intimista aparecen guiños ideológicos o sociales que contextualizan a los personajes –ya sea un comentario sobre la corrupción, la religión (caso de Un instante sin Dios, que enfrenta fe religiosa vs. poder económico) o la memoria colectiva–. Podemos afirmar que Dalmaroni integra la dimensión política como telón de fondo de sus tramas: no escribe teatro documental ni abiertamente partidario, pero sus criaturas están atravesadas por la historia argentina reciente, lo que añade capas de significado para el público local. Esta es una micro poética constante: sus comedias nunca ocurren en un vacío apolítico, sino en un país reconocible con sus traumas, sus discursos y sus símbolos.

Nostalgia generacional y cultura popular

Por otra parte, la producción de Dalmaroni evidencia una línea temática-nostálgica ligada a la infancia y juventud del autor, es decir, a las décadas de 1960 y 1970 en Argentina. Él mismo ha reconocido que le interesa “investigar las costumbres de vida y las formas de hablar” de la época en que creció. Esto cristalizó en lo que llama su Trilogía de los ’60, integrada por las obras Gángster, El boticario de la Guerra Fría y Una magnífica desolación. En ellas, Dalmaroni recrea con detalle el paisaje cultural sesentista: las expresiones idiomáticas de sus padres, los objetos cotidianos de entonces (radios a transistores, televisión en bl anco y negro, revistas de la época), la música y la iconografía pop (desde mafiosos de película hasta astronautas), hasta la minuciosa descripción de objetos de uso cotidiano como texturas de vasos, sifones, etc. Por ejemplo, en Gángster sitúa a una familia en 1963, en plena Guerra Fría, y su trama (una mujer descubre que su marido está ligado a un mafioso, ex enemigo de su padre) remite al cine policial clásico, a la vez que retrata la mentalidad de esa generación. Una magnífica desolación directamente toma su título de la famosa frase de Edwin “Buzz” Aldrin al pisar la Luna (“Magnificent desolation”) y se desarrolla durante el alunizaje del Apolo 11 en 1969: un hijo astronauta suplente regresa sorpresivamente al hogar en Buenos Aires justo antes del evento, generando un enredo donde se mezclan la euforia tecnológica, la Guerra Fría, Hollywood y las divisiones políticas locales. En la obra, los padres peronistas del protagonista prefieren creerse cualquier historia antes que admitir que su hijo fracasó; así, la pieza utiliza la nostalgia de la llegada del hombre a la Luna para reflexionar con humor sobre la posverdad y las ilusiones colectivas de una era.

Esta veta nostálgica no es gratuita: funciona como un homenaje irónico a la memoria generacional. Dalmaroni “juega” con los recuerdos de sus mayores, incorporándolos en la ficción para dialogar críticamente con el presente. Sus obras de época contrastan la inocencia o idealismo de aquellos tiempos con la mirada desencantada actual. Al mismo tiempo, la inclusión de elementos de la cultura popular (programas de TV, melodías, relatos pulp) a modo referencial-contextual, es frecuente marca de estilo en su teatro. Splatter rojo sangre, por ejemplo, parodia el cine clase B de terror; Una de película ironiza sobre los thrillers de espionaje; Gángster evoca el género policial estilo Hollywood. Esta intertextualidad pop añade una capa lúdica: el espectador reconoce guiños y referencias que van desde lo culto hasta lo kitsch, haciendo del teatro de Dalmaroni un cruce entre la comedia negra y la cultura de masas.

En conjunto, la nostalgia y la cultura popular operan en su obra como micro poéticas transversales: ofrecen contexto y color a las tramas (situándolas en un tiempo y lugar específicos) a la vez que sirven para reforzar la ironía. Al recordar la forma en que hablaban sus padres o al incorporar un comercial televisivo antiguo en escena, Dalmaroni logra que el público conecte emocionalmente con la anécdota, para luego subvertirla. Esa mezcla de cariño y crítica hacia el pasado reciente argentino distingue a su escritura dentro de la generación que vivió la postdictadura: es un teatro consciente de la historia, pero sin reverencia, dispuesto a reírse de la nostalgia incluso mientras la convoca

2. Trayectoria y estrenos de Daniel Dalmaroni

Formación y comienzos: Dalmaroni estudió Letras en la Universidad Nacional de La Plata y luego se formó en actuación y dramaturgia con maestros notables como Francisco Javier y Ricardo Monti. Tras algunos años dedicados al teatro en su ciudad natal, debutó en la cartelera porteña en 2003 con New York, dirigida por Villanueva Cosse en el Teatro Payró. Ese estreno supuso su ingreso destacado en la escena teatral argentina, obteniendo inmediata repercusión de público y crítica. Previamente, ya en 2001 había visto escena Burkina Faso, estrenada en La Plata bajo la dirección de Nina Rapp, lo que puede considerarse uno de sus primeros trabajos llevados al teatro. A partir de entonces, Dalmaroni consolidó un repertorio de más de treinta obras teatrales propias que se han representado por todo el país y en el exterior .

Obras dramáticas propias (Autoría y/o dirección): En la siguiente tabla se enumeran las obras teatrales escritas por Daniel Dalmaroni, indicando el año de su estreno (en Argentina, salvo indicación) y detalles relevantes como la dirección del montaje inicial o la participación del propio Dalmaroni en la puesta. Cabe señalar asimismo que varias de estas piezas fueron publicadas en antologías o volúmenes recopilatorios a medida que avanzaba su producción.

 

Año

Obra teatral

Estreno (Dirección)

Notas sobre la obra

2001

Burkina Faso

La Plata, dir. Nina Rapp

Comedia negra; premio Teatro del Mundo UBA (nominada). Publicada en Teatro (Tomo 1).

2003

New York

Buenos Aires (Teatro Payró), dir. Villanueva Cosse

Tragicomedia familiar; 3.º Premio Municipal (CABA) 2002-03.

2005

Cuando te mueras del todo

Buenos Aires (Chacarerean), dir. Lía Jelín

Comedia negra; múltiples versiones internacionales.

2006

Una tragedia argentina

Buenos Aires (Teatro Piccolino), dir. Alejandro Casavalle

Tragedia grotesca; Mención especial INT 2003; retrata hipocresías familiares durante la última dictadura.

2007

Maté a un tipo

La Plata/Buenos Aires (Teatro Discépolo), dir. Diego Aroza

Comedia negra (violencia cotidiana); gran éxito con más de 200 montajes en el mundo. Premio Argentores-Estrella de Mar 2008.

2008

Como blanca diosa

Buenos Aires (Teatro del Pueblo), dir. Hugo Urquijo

Sátira de costumbres; humor negro.

2008

Splatter rojo sangre

Buenos Aires (Teatro del Pueblo), dir. Daniel Dalmaroni

Farsa gore (parodia de cine Clase B); Dalmaroni debuta como director en CABA con esta obra.

2010

El secuestro de Isabelita

Buenos Aires (Andamio 90), dir. Daniel Dalmaroni

Comedia política (primera de la saga “peronista”); estuvo 3 temporadas en cartel. Inicia su Tetralogía peronista.

2010

Las malditas

(Estrenada en 2013, Teatro del Pueblo, dir. Eduardo Lamoglia)

Drama satírico con elenco femenino; inédita en antología Teatro/Tomo 2 (2010).

2010

Puesta de espalda (antes Lucha libre)

(Estreno en 2012, Teatro La Plata, dir. Norberto Barruti)

Comedia de humor negro; 2.º Premio Municipal (CABA) 2007-08.

2012

Los opas (otro drama burgués)

La Plata (Teatro de la Comedia), dir. Daniel Dalmaroni

Grotesco familiar; hijos traman muerte de la madre anciana. Nominada Premios Trinidad Guevara y Teatro del Mundo. Versión francesa en Festival de Aviñón 2014.

2015

Obligados a dar la vuelta

La Plata (Inst. Dorrego), dir. Tito Lorefice

Obra infantil/familiar; Premio Argentores Mejor obra para niñez 2015.

2016

La escena del crimen

Buenos Aires (El Tinglado), dir. Sebastián Bauzá

Comedia policial; 1.º Premio Municipal (CABA) obra inédita 2014/15.

2016

Vacas sagradas

Buenos Aires (CCC), dir. Hugo Urquijo

Comedia satírica sobre “vacas sagradas” sociales; nominada Premios ACE y Trinidad Guevara 2017.

2017

Gángster

Buenos Aires (Teatro del Pueblo), dir. Sebastián Bauzá

Thriller ambientado en los años 60; parte de la Trilogía de los 60 del autor.

2017

Mosquitas muertas

Buenos Aires (Nün Teatro Bar), dir. Jorge Brambati

Comedia negra sobre falsas inocencias; estrenada junto a Gángster y otras en 2017.

2018

Una magnífica desolación

Buenos Aires (El Tinglado), dir. Santiago Doria

Tragicomedia ambientada en 1969; mezcla la carrera espacial con la vida familiar y política (posverdad histórica).

2018

El boticario de la Guerra Fría

(Lectura dramatizada, 2018, Teatro CCC)

Comedia ambientada en los ’60 (espionaje de época); integrante de la Trilogía de los 60. Publicada en Teatro Reunido (2017).

2018

Un instante sin Dios

Mar del Plata (Auditorium) / Buenos Aires (Nün), dir. Daniel Dalmaroni

Thriller dramático sobre un sacerdote y un empresario enfrentados en confesión atípica; suspensión del humor habitual del autor. Premiada con Estrella de Mar 2020 (mejor autor).

2022

Tengo un muerto en el placard (y otros deseos)

Buenos Aires (Nün Teatro Bar), dir. Guillermo Ghio

Comedia negra de enredos criminales; estrenada fuera de circuito comercial.

2022

Una de película (también titulada Una de espías)

Buenos Aires (Teatro Border), dir. Oscar Laricchia/Leo Prestia

Farsa tipo thriller que parodia el género de espionaje; estrenada previamente en España como Una de espías.

2023

Estado del tiempo

Buenos Aires (Centro Cultural de la Cooperación), dir. Ana Alvarado

Drama político-familiar; 2.ª obra de la Tetralogía peronista.

2017⁺

Juego de manos (o Pase de manos)

[sin estreno comercial]

Comedia breve con trasfondo político; 3.ª de la Tetralogía peronista. Publicada en Perón Vive (2019).

2017⁺

La comunidad organizada

[sin estreno comercial]

Sátira política inspirada en la doctrina peronista; 4.ª de la saga peronista (en Perón Vive, 2019).

2024

600 gramos de olvido

Buenos Aires (Teatro del Pueblo), dir. Marcelo Moncarz

Drama ideológico-romántico entre jóvenes; pieza reciente que marca un giro de tono más serio.

 

3. Ediciones del teatro de Daniel Dalmaroni:

En sus primeros años, Dalmaroni compiló varias de estas piezas en volúmenes publicados por la editorial Corregidor: el Tomo 1 (2006) incluye New York, Una tragedia argentina, La vida de los demás, Maté a un tipo, Cuando te mueras del todo y Burkina Faso; el Tomo 2 (2010), subtitulado Costumbre, delirio y crimen, reúne El secuestro de Isabelita, Los opas, Como blanca diosa, Las malditas y Splatter rojo sangre. Posteriormente, la editorial Eudeba publicó Teatro reunido (2017), una antología de 19 obras que abarca también sus estrenos de la década de 2010 (Una de película, Vacas sagradas, Tengo un muerto en el placard, Obligados a dar la vuelta, La escena del crimen, Gángster, Una magnífica desolación, El boticario de la Guerra Fría, Mosquitas muertas, etc.). En 2019 se editó, además, el libro Perón Vive. Cuatro obras peronistas, que contiene la mencionada tetralogía sobre el peronismo (El secuestro de Isabelita, Estado del tiempo, Juego de manos y La comunidad organizada). De esta forma, la totalidad de su producción dramática ha quedado documentada en publicaciones accesibles.

 

 

 

4. Obras de otros autores, dirigidas por Dalmaroni

 Además de escribir, Daniel Dalmaroni ha ejercido la dirección escénica en numerosas oportunidades, incluyendo montajes de sus propias creaciones y puestas de obras ajenas. De hecho, en las últimas dos décadas ha dirigido más de 40 espectáculos teatrales, tanto en el circuito independiente como en el institucional. Entre las obras de su autoría que él mismo llevó a escena destacan Splatter rojo sangre (2008), El secuestro de Isabelita (2010), Los opas (2012) y Un instante sin Dios (2018), cuyos estrenos fueron bajo su propia dirección (ver Tabla 1). Asimismo, fue convocado para dirigir producciones en el marco de programas federales: por ejemplo, en 2015 estuvo a cargo de Cien veces no debo de Ricardo Talesnik, presentada por un elenco de Entre Ríos en el Teatro Nacional Cervantes. En el circuito alternativo porteño también dirigió obras de colegas contemporáneos, como ¿Quién llama? de Miguel Ángel Diani, en la que figuró como director e iluminador de la puesta. La siguiente tabla resume algunas puestas en escena notables de obras de otros autores dirigidas por Dalmaroni, que inició su carrera como director en los años 1990 (dirigiendo grupos independientes en La Plata), pero tras consolidarse como dramaturgo optó por ceder la dirección de la mayoría de sus estrenos a otros colegas, concentrándose principalmente en la escritura. Aun así, como se observa, ha continuado dirigiendo puntualmente, ya sea cuando alguna de sus piezas lo amerita o en el marco de proyectos especiales. También ha colaborado con elencos oficiales (por ejemplo, de la Universidad de la Patagonia y el Plan Federal del Teatro Cervantes) y se desempeñó como docente de dirección teatral, lo cual evidencia su conocimiento práctico de la puesta en escena más allá de la escritura.

Año

Obra (autor)

Dirección de Dalmaroni

Ámbito

2015

Cien veces no debo (Ricardo Talesnik)

Director (estreno en Teatro Nac. Cervantes)

Programa Cervantes Federal (Buenos Aires).

2016

¿Quién llama? (Miguel A. Diani)

Director e iluminador (Teatro independiente)

Cartelera off-Broadway (Buenos Aires).

2010s

Varias obras para la Comedia de la Provincia de Buenos Aires (vv.aa.)

Director invitado

Producciones oficiales en La Plata y circuitos provinciales.

 

5. Recepción, crítica y reconocimientos a sus obras

Desde su irrupción en 2003, la obra de Daniel Dalmaroni ha tenido un gran impacto en la cartelera teatral argentina, tanto porteña como en el resto del país. Sus piezas se convirtieron rápidamente en frecuentadas por compañías y directores de diversas generaciones. En Buenos Aires, han sido montadas en teatros de renombre como el Teatro Payró, el Centro Cultural de la Cooperación, el Teatro del Pueblo, Andamio 90 o El Tinglado, con puestas a cargo de figuras prestigiosas: Villanueva Cosse, Lía Jelín, Hugo Urquijo, Jorge Brambati, Alejandro Casavalle, entre otros. Asimismo, sus textos han llegado al circuito comercial en ocasiones (por ejemplo, Cuando te mueras del todo tuvo temporadas en el Paseo La Plaza) y al interior del país, siendo estrenados en más de 50 ciudades de Argentina. Este amplio recorrido escénico ha estado acompañado de reconocimientos: Dalmaroni ha obtenido premios importantes, entre ellos el Premio Argentores-Estrella de Mar a la mejor obra de humor (por Maté a un tipo, 2008) y el Premio Argentores a la mejor obra infantil (por Obligados a dar la vuelta, 2015). Más recientemente, en 2020 ganó el Premio Estrella de Mar como mejor autor por Un instante sin Dios, y en 2019 fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de La Plata, su ciudad natal.

En cuanto a recepción internacional, varias de sus obras han sido traducidas y montadas en distintos países. España ha acogido numerosas versiones: Maté a un tipo se estrenó en 2009 en Madrid con una gira de dos años, y en 2015 se presentó en la Gran Vía madrileña el espectáculo Crímenes de andar por casa, que integraba Una de película y Maté a un tipo. Obras suyas se han visto también en escenarios de Barcelona, Valencia, Galicia, País Vasco y otras ciudades españolas, así como en Montevideo, Santiago de Chile, São Paulo, Asunción, Guayaquil y Santo Domingo, entre otros. Un hito fue la participación de Los opas en el Festival de Avignon 2014, en versión francesa, con la presencia del propio Dalmaroni invitado como conferencista sobre la nueva dramaturgia porteña. Esta proyección externa confirmó la universalidad de ciertos temas dalmaronianos (como la violencia familiar o el humor oscuro), que resuenan en distintos públicos más allá de lo local.

La crítica especializada en Argentina ha valorado positivamente el trabajo de Dalmaroni, señalando su originalidad dentro de la escena contemporánea. En un contexto teatral donde a veces predomina “lo nuevo” como valor en sí mismo, el autor e investigador Luis Sáez destacó que Dalmaroni aporta un rigor y una densidad dramática necesaria, bebiendo de fuentes tradicionales como el grotesco criollo y la comedia de equívocos, pero filtradas por una voz muy personal, alimentada por géneros y formatos actuales y muy orgánicos a su estética. Numerosos críticos han subrayado el humor negro y la agudeza de sus piezas para retratar la realidad argentina. Por ejemplo, el dramaturgo Ricardo Monti, Maestro referencial en la formación de Daniel y prologuista de uno de sus libros, elogió la mirada “descarnada y burlona, llena de humor cruel” de Dalmaroni, capaz de conducir al espectador por “laberintos del parentesco” en los cuales “matar [se vuelve] una costumbre cotidiana” dentro de un mundo engañoso donde la verdad es indescifrable. Del mismo modo, Jorge Monteleone ha analizado el efecto peculiar de sus obras, que producen “una risa inevitable” en el público para luego volverse devastadoras, presentando un espejo oscuro de la sociedad argentina que hace reír “de nervios”. En cuanto a los temas abordados, Monteleone y otros estudiosos han resaltado la recurrencia de ciertos motivos: “las hipocresías de la familia pequeñoburguesa, el crimen y la maldad derivados de la estupidez” aparecen una y otra vez en su teatro, así como la presencia constante de la muerte bajo diversas formas (ya sea como idea latente, plan criminal o destino trágico).

La puesta en escena de las obras de Dalmaroni suele apoyarse en un estilo de realismo exacerbado: escenarios domésticos reconocibles (un living de clase media, una cocina familiar, etc.) donde irrumpen situaciones absurdas o violentas. Directores como Santiago Doria han sabido explotar ese contraste; por ejemplo, en Una magnífica desolación montaron una ambientación costumbrista de fines de los años 60 –con mobiliario retro y un televisor emitiendo comerciales de la época– que progresivamente deriva hacia el absurdo y la angustia, a medida que la lógica de los personajes se quiebra. En general, los montajes respetan el ritmo ágil y el crescendo dramático presente en los textos: las obras de Dalmaroni son “piezas de relojería” teatrales que una vez iniciadas avanzan imparablemente hacia un clímax explosivo, como señaló Monti, con acierto. Muchas puestas han enfatizado el tono de comedia negra: los actores suelen interpretar con naturalidad situaciones extremas, lo que refuerza el efecto cómico-trágico-paradojal. La crítica ha alabado este complejo balance; por ejemplo, se consideró Una magnífica desolación como “una lograda comedia” que combina humor y posverdad histórica, mostrando “la perversa necesidad de tener razón contra toda evidencia” en sus personajes.

En síntesis, la recepción de la obra de Dalmaroni ha sido ampliamente favorable. Su teatro ha renovado la tradición del grotesco rioplatense frente al público actual, logrando a la vez convocar espectadores en múltiples ámbitos. La mezcla de risa y horror característica de sus piezas ha generado análisis académicos, montajes en diversos países y un lugar propio para Dalmaroni entre los dramaturgos argentinos contemporáneos más relevantes de la postdictadura.

6. Conclusiones

La obra dramatúrgica de Daniel Dalmaroni se revela, tras este análisis, como un cuerpo coherente y a la vez multifacético, que ha sabido actualizar tradiciones del teatro argentino al siglo XXI. En sus piezas confluyen el grotesco criollo –rebautizado como neogrotesco, renovado con cuotas de violencia extrema y humor negrísimo– y la comedia de costumbres, dando lugar a una voz dramática original reconocible por su crueldad lúdica. Dalmaroni ha explorado con incisiva ironía los rincones oscuros de la familia de clase media, haciendo de la vida doméstica un escenario de crímenes, secretos y explosiones de irracionalidad. Al mismo tiempo, ha tejido en su producción microrrelatos políticos y generacionales: sus obras dialogan con la historia argentina, particularmente con el universo simbólico del peronismo, y rescatan recuerdos culturales de los años 60 y 70 para recontextualizarlos críticamente. Pocas dramaturgias contemporáneas amalgaman de forma tan efectiva la risa y el espanto, la referencia culta y la cultura popular, lo universal humano (violencia, muerte, estupidez) y lo local argentino (Perón, la “viveza criolla”, la familia porteña).

En términos de recepción, Daniel Dalmaroni se ha consolidado como un autor de culto en el circuito teatral argentino, con numerosas puestas independientes e institucionales que validan la potencia escénica de sus textos. La crítica lo reconoce como uno de los dramaturgos más destacados de las últimas décadas, capaz de tender puentes entre la herencia del grotesco nacional y las nuevas sensibilidades. Su teatro, traducido y representado internacionalmente, demuestra que los dilemas que plantea –por más localistas que parezcan– poseen resonancias universales, confirmando la vigencia del humor negro como herramienta para exponer verdades incómodas. En definitiva, la dramaturgia de Dalmaroni constituye un continuo experimento teatral donde la sociedad argentina se mira en un espejo deformante: ríe, se estremece y quizás, al final, alcanza a vislumbrar algo de su propia realidad en esas “feroces piezas sombrías” que nos hacen reír y estremecernos a la vez.

 

Referencias

  • Alternativa Teatral – Perfil de Daniel Dalmaroni
  • La Nación (7/4/2017) – “Un dramaturgo enamorado del humor más negro”, por Carlos Pacheco
  • La Nación (11/10/2013) – “Marta, maté a un tipo”, por Verónica Chiaravalli
  • La Nación (2/8/2019) – “La magnífica desolación: posverdad en una lograda comedia”, por Leni González
  • Wikipedia (es) – Daniel Dalmaroni, Trayectoria y análisis de su obra
  • Cabrejas, Gabriel (2018) – “El teatro de Daniel Dalmaroni o la naturalización de la violencia”, en AURA. Revista de Historia y Teoría del Arte Nº7
  • Tehagolaprensa (08/02/2017) – “Gángster”, press release (bio de Dalmaroni)
  • La Nación (2/12/2015) – “El Cervantes cierra 2015 con un ciclo (Teatro del País)”, noticia
  • Diario La Capital MdQ (27/6/2020) – Streaming Teatrix: “Un instante sin Dios”, redacción (reseña de la obra Un instante sin Dios)
  • Otros: Página/12 (21/7/2010) entrevista a María Z. Gabín; Clarín (17/7/2010).



[1] Aunque el enfoque de “Burkina Faso”resukte tal vez más alegórico que político, y su lectura política dependa de la interpretación del espectador