Saberes objetivos
- saberes subjetivos:
Hibridaciones y posibles cruces productivos
(Parte I)
Por
Luis Saez
Saberes objetivos
Son aquellos que pueden verificarse,
contrastarse, documentarse. Fechas, nombres, datos históricos, citas, leyes,
procedimientos técnicos, cronologías, fichas, bibliografía, hechos
comprobables.
No
necesariamente confiables persé. Deben ser verificables, comprobables,
etc.
Por ejemplo: Roberto Arlt publicó Los siete locos en 1929. Esa data no
depende de ninguna subjetividad: se verifica.
Saberes subjetivos
Son aquellos que nacen de la experiencia, la percepción, la memoria, la
sensibilidad, el cuerpo, la intuición, la interpretación particular. No son
“falsos” por ser subjetivos. Son, podríamos aventurar, otra clase de verdad.
Por ejemplo: en Roberto Arlt hay una sensación de mundo podrido, febril,
como si la ciudad respirara por una herida. Eso no se prueba como una
fecha, pero puede argumentarse, sentirse, leerse, y sostenerse críticamente.
Continuidad: Una sociedad fértil?
Una de
las claves para el uso más conveniente de estos saberes puede resultar el
cuidado de no enfrentarlos o contraponerlos como polos puestos. El pensamiento
más fértil se propicia cuando se cruzan y ensamblan.
En
algunos textos críticos pobres suele priorizarse el saber objetivo: acumular
datos, pero no estimulando debidamente el pensamiento creativo.
Un texto demasiado metafórico, por su parte, o apoyado mayoritariamente en
sistemas de alusión, suele opinar con sustento débil, perdiendo o descuidando
el acento en el saber objetivo: aventura, metaforiza, etc, pero obstinado en
esos tópicos, no estimula el trabajo con datos concretos y verificables. En tal
sentido, y tal como ya lo señalamos, el buen ensayo los entrecruza, propiciando
el diálogo y el intercambio: dato + mirada, archivo + mirada subjetiva,
prueba + intuición. De este modo, resulta que cuando lo objetivo y lo
subjetiva conviven, crece la posibilidad de que se propicien dinámicas novedosas,
ricas en singularidad.
Para el caso de la aplicación de estos criterios en escritura con IA, lo expuesto se vuelve todavía más evidente. La IA puede ordenar con rapidez muchos saberes objetivos, aunque siempre resulte recomendable verificarlos. Pero los saberes subjetivos —la memoria personal, la herida, el matiz, la asociación inesperada, la decisión estética, mas todo aquello que motoriza nuestra intuición— siguen dependiendo de la intervención humana. Es entonces cuando aparece el autor. Y con él (y EN ÉL), la zona no delegable.
Por ello,
ofrecemos una primera y tentativa conclusión sobre el tema, a saber:
la
inteligencia artificial puede asistir en la organización de saberes objetivos,
pero la escritura autoral nace cuando esos saberes son atravesados por una (o
más) subjetividad (es).
La riqueza de las hibridaciones
Llegados
a este punto, nos permitimos instalar el siguiente interrogante:¿no existe la
posibilidad de que valores subjetivos se vuelvan objetivos en la
medida en que los compartamos con otras personas, y en que los soltemos a rodar
por el mundo del conocimiento? Y como contrapartida: La interpretación que
hacemos de los valores objetivos ¿no implica una forma de
subjetivación, en la medida en que generan en nosotros pareceres y repercusiones
propias? ¿No existirían, entonces, más categorías o hibridaciones,
además de lo objetivo y lo subjetivo?
La
aceptación de este criterio implicaría en forma inmediata, la aceptación de al
menos otras dos categorizaciones, a saber:
Son aquellos que nacen de una experiencia
subjetiva, íntima, situada, pero que al ser compartidos, discutidos, escritos,
leídos, enseñados o transmitidos, empiezan a adquirir una cierta consistencia
colectiva, de alguna manera compatibles con al menos ciertos grados de
objetividad.
No se
vuelven “objetivos” en el sentido duro de una fecha o un dato verificable, pero
sí dejan de pertenecer únicamente a la subjetividad de quien los formuló.
Por
ejemplo:
“El
teatro es convivio.”
Esta idea
cuenta con una elaboración teórica, claro, pero también nace de una experiencia
sensible: estar juntos, compartir un espacio, percibir cuerpos, respiraciones,
tiempo presente. Esa experiencia subjetiva se vuelve concepto, circula, se
discute, se cita, se enseña. Entonces ya no es solo una impresión personal: se
ha objetivado culturalmente.
Lo mismo ocurre
con ciertas intuiciones críticas. Alguien formula:
“En Arlt
la traición no es solo un acto moral, sino una forma de conocimiento.”
Originalmente
puede tratarse de una lectura subjetiva. Pero si esa lectura se argumenta, se
publica, se contrasta con textos, se vuelve útil para otros lectores, propicia,
digamos, alguna forma de apropiación colectiva, la nueva versión
adquiere estatuto de saber compartido.
No se
trata de una “verdad absoluta”, pero sí de una verdad puesta en circulación.
Apareciendo,
ese modo, otro concepto clave, que ya insinuamos líneas arriba: la intersubjetividad.
Lo intersubjetivo no es puramente objetivo ni puramente subjetivo. Es aquello que se construye entre ambas categorías, y que, sin dejar de estar atravesado por miradas personales, logra formar una zona común.
2. Saberes objetivos subjetivados
En este
caso, pero en sentido inverso, un dato, una teoría, una ley, una fecha, una
estadística o un documento pueden tener origen objetivo, pero cuando alguien
los recibe, los interpreta, los incorpora a su vida o los vuelve parte de una
lectura del mundo, se subjetivan.
Ejemplo
simple:
“En 1976
comenzó la última dictadura militar argentina.”
Como dato
histórico, pertenece al campo de lo objetivo. Pero nadie recibe ese dato de
manera neutra. Para una persona puede ser una fecha escolar; para otra, una
herida familiar; para alguien más, el punto de partida de una investigación;
para otra, una zona de militancia, memoria o duelo.
El dato
es objetivo.
La inscripción del dato en la conciencia, en el cuerpo, en la memoria o en la
escritura, es subjetiva.
El mismo
criterio podríamos aplicar, por buscar ejemplos prácticos, en la crítica
teatral. Una ficha técnica es objetiva:
Obra,
autor, dirección, elenco, sala, fecha.
Pero cuando los datos de esa ficha se convierten en parte constitutiva de una reseña, o en una memoria de espectador, o en una comparación estética o en una toma de posición política, se carga de subjetividad. Y entonces sí, las categorías de objetivo y subjetivo se desplazan e hibridan en, por lo menos, cuatro zonas, a saber:
|
Categoría |
Qué sería |
|
Saber
objetivo |
Dato
verificable, documento, fecha, fuente, hecho comprobable. |
|
Saber
subjetivo |
Percepción,
intuición, experiencia íntima, sensibilidad, memoria personal. |
|
Saber
subjetivo objetivado |
Una
vivencia o intuición que se vuelve concepto, obra, teoría, tradición o saber
compartido. |
|
Saber
objetivo subjetivado |
Un dato
o hecho que es apropiado, interpretado, afectado por la memoria, la ideología
o la experiencia personal. |
|
|
|
Ahora bien, habida cuenta de estas categorías, en tanto instauradas como tentativas, nos resulta inevitable la formulación de una quinta categoría, que involucra directamente a la función autoral poética como gestora de sus propios saberes, al mismo tiempo que como condensadora de los anteriores.
3. Saberes poéticos o ficcionales
No son
exactamente objetivos ni subjetivos, aunque se alimentan de ambos. Son saberes
que no demuestran: revelan. Una obra de teatro, un cuento, una escena,
no “prueban” algo del mismo modo que un ensayo académico. Pero pueden producir
conocimiento. A veces incluso un conocimiento más profundo, porque no se limitan
a explicar: generan y despliegan experiencia.[1]
Cuando
Beckett pone a dos personajes esperando a alguien que nunca llega, no está
ofreciendo un dato objetivo sobre la existencia. Pero produce un saber, o al
menos una reflexión, sobre la espera, el vacío, la repetición, la intemperie.
Un saber que no cabe del todo en la lógica del informe.
Tentativamente
podríamos hablar de:
saber
ficcional: conocimiento producido
por una construcción imaginaria.
saber poético: conocimiento que aparece por imagen, ritmo, metáfora,
condensación.
saber escénico: conocimiento producido por el cuerpo, la presencia, la
acción y el convivio, como dinámicas complementarias.
Y esta
categorización complementaria de lo ya expuesto, resulta de valiosa
importancia, de cara a una teoría sobre escritura e IA.
Porque la
IA puede manejar datos objetivos. También puede emular subjetividad. Pero la
operación verdaderamente autoral aparece cuando una subjetividad humana
decide qué hacer con esos materiales: qué aceptar, qué torcer, qué sospechar,
qué herir y qué volver forma.
Por lo
expuesto, no nos parece aventurado establecer que entre lo objetivo y lo
subjetivo no hay una frontera fija e infranqueable, sino zonas de tránsito.
Lo subjetivo puede objetivarse cuando se comparte, se argumenta o se transforma
en forma cultural. Pero análogamente, lo objetivo puede subjetivarse cuando es
interpretado, apropiado o atravesado por una experiencia singular. La escritura
trabaja precisamente en esas fronteras móviles, hibridacionales.
Y así
como el conocimiento humano no se divide simplemente entre hechos objetivos y
percepciones subjetivas, también es posible que entre ambos se desplieguen y
establezcan zonas de tránsito: saberes compartidos, interpretaciones
estabilizadas, datos afectivamente apropiados, memorias convertidas en archivo
y archivos devueltos a la vida a través de miradas singulares.
¿Alcanza
lo expuesto para configurar una epistemología de la escritura con IA,
contribuyendo de ese modo a propiciar un tránsito orgánico del dato a la
experiencia, y a la experiencia en materia transmisible? Dejamos abierto
el interrogante, y la posibilidad de profundizar en el tema en una segunda
parte de este trabajo, en la que actualmente trabajamos.
En
cualquier caso, de todo posible análisis se desprenden otras alternativas de
categorización, devenidas directamente de las mutaciones/ derivaciones operadas
en los saberes iniciales, a las que podríamos categorizar, muy tentativamente,
como saberes derivados o expandidos, trascendiendo de esta forma
la dualidad saber objetivo/ saber subjetivo.
La
confirmación de la humilde tentativa aquí sugerida resultaría, creemos, valiosa,
de cara al estudio de una gramática que contemple y considere las posibilidades
de la escritura dramática enriquecida con elementos de IA. [2]
LS
Referencias y antecedentes conceptuales
— Levy Yeyati, Eduardo. Saberes. El riesgo de tercerizar en la IA las
tareas complejas de pensamiento. La Nación, sección Ideas, 9
de agosto de 2025.
— Berger,
Peter L. y Thomas Luckmann. La construcción social de la realidad.
— Dubatti, Jorge. Filosofía del Teatro I: convivio, experiencia,
subjetividad.
— Eco, Umberto. Obra abierta.
— Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método.
— Jauss, Hans Robert. La historia de la literatura como provocación
y trabajos sobre estética de la recepción.
— Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas.
— Polanyi, Michael. Personal Knowledge.
— Polanyi,
Michael. The Tacit Dimension.
— Popper,
Karl. Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista.
[1] Buen ejemplo de la
hibridación entre saberes objetivos y poesía resultan las llamadas metáforas
epistemológicas, de las que nos ocuparemos en la segunda parte de este
trabajo.