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ALGO MÁS SOBRE SABERES

Saberes objetivos - saberes subjetivos:

Hibridaciones y posibles cruces productivos

(Parte I)

Por

Luis Saez



Tomando como punto de partida los aportes de Eduardo Levy Yeyati acerca del conocimiento explícito y el conocimiento tácito, aplicados al vínculo entre pensamiento humano e inteligencia artificial, nos proponemos trasladar y expandir algunas de esas inquietudes hacia el terreno de la escritura.
Sin establecer una equivalencia absoluta, intentaremos poner aquella distinción en diálogo con otra, de larga tradición filosófica y epistemológica: la existente entre saberes objetivos y saberes subjetivos. Nos interesa especialmente explorar sus posibles cruces, desplazamientos e hibridaciones, así como el modo en que esas zonas intermedias intervienen en la escritura asistida por inteligencia artificial. Breve repaso:

Saberes objetivos
Son aquellos que pueden verificarse, contrastarse, documentarse. Fechas, nombres, datos históricos, citas, leyes, procedimientos técnicos, cronologías, fichas, bibliografía, hechos comprobables.

No necesariamente confiables persé. Deben ser verificables, comprobables, etc.
Por ejemplo: Roberto Arlt publicó Los siete locos en 1929. Esa data no depende de ninguna subjetividad: se verifica.
 

Saberes subjetivos
Son aquellos que nacen de la experiencia, la percepción, la memoria, la sensibilidad, el cuerpo, la intuición, la interpretación particular. No son “falsos” por ser subjetivos. Son, podríamos aventurar, otra clase de verdad.
Por ejemplo: en Roberto Arlt hay una sensación de mundo podrido, febril, como si la ciudad respirara por una herida. Eso no se prueba como una fecha, pero puede argumentarse, sentirse, leerse, y sostenerse críticamente.
 

Continuidad: Una sociedad fértil?

Una de las claves para el uso más conveniente de estos saberes puede resultar el cuidado de no enfrentarlos o contraponerlos como polos puestos. El pensamiento más fértil se propicia cuando se cruzan y ensamblan.

En algunos textos críticos pobres suele priorizarse el saber objetivo: acumular datos, pero no estimulando debidamente el pensamiento creativo.
Un texto demasiado metafórico, por su parte, o apoyado mayoritariamente en sistemas de alusión, suele opinar con sustento débil, perdiendo o descuidando el acento en el saber objetivo: aventura, metaforiza, etc, pero obstinado en esos tópicos, no estimula el trabajo con datos concretos y verificables. En tal sentido, y tal como ya lo señalamos, el buen ensayo los entrecruza, propiciando el diálogo y el intercambio: dato + mirada, archivo + mirada subjetiva, prueba + intuición. De este modo, resulta que cuando lo objetivo y lo subjetiva conviven, crece la posibilidad de que se propicien dinámicas novedosas, ricas en singularidad.
 

Para el caso de la aplicación de estos criterios en escritura con IA, lo expuesto se vuelve todavía más evidente. La IA puede ordenar con rapidez muchos saberes objetivos, aunque siempre resulte recomendable verificarlos. Pero los saberes subjetivos —la memoria personal, la herida, el matiz, la asociación inesperada, la decisión estética, mas todo aquello que motoriza nuestra intuición— siguen dependiendo de la intervención humana. Es entonces cuando aparece el autor. Y con él (y EN ÉL), la zona no delegable. 

Por ello, ofrecemos una primera y tentativa conclusión sobre el tema, a saber:

la inteligencia artificial puede asistir en la organización de saberes objetivos, pero la escritura autoral nace cuando esos saberes son atravesados por una (o más) subjetividad (es).

 La riqueza de las hibridaciones

Llegados a este punto, nos permitimos instalar el siguiente interrogante:¿no existe la posibilidad de que valores subjetivos se vuelvan objetivos en la medida en que los compartamos con otras personas, y en que los soltemos a rodar por el mundo del conocimiento? Y como contrapartida: La interpretación que hacemos de los valores objetivos ¿no implica una forma de subjetivación, en la medida en que generan en nosotros pareceres y repercusiones propias? ¿No existirían, entonces, más categorías o hibridaciones, además de lo objetivo y lo subjetivo?

La aceptación de este criterio implicaría en forma inmediata, la aceptación de al menos otras dos categorizaciones, a saber:

 1. Saberes subjetivos objetivados

Son aquellos que nacen de una experiencia subjetiva, íntima, situada, pero que al ser compartidos, discutidos, escritos, leídos, enseñados o transmitidos, empiezan a adquirir una cierta consistencia colectiva, de alguna manera compatibles con al menos ciertos grados de objetividad.

No se vuelven “objetivos” en el sentido duro de una fecha o un dato verificable, pero sí dejan de pertenecer únicamente a la subjetividad de quien los formuló.

Por ejemplo:

“El teatro es convivio.”

Esta idea cuenta con una elaboración teórica, claro, pero también nace de una experiencia sensible: estar juntos, compartir un espacio, percibir cuerpos, respiraciones, tiempo presente. Esa experiencia subjetiva se vuelve concepto, circula, se discute, se cita, se enseña. Entonces ya no es solo una impresión personal: se ha objetivado culturalmente.

Lo mismo ocurre con ciertas intuiciones críticas. Alguien formula:

“En Arlt la traición no es solo un acto moral, sino una forma de conocimiento.”

Originalmente puede tratarse de una lectura subjetiva. Pero si esa lectura se argumenta, se publica, se contrasta con textos, se vuelve útil para otros lectores, propicia, digamos, alguna forma de apropiación colectiva, la nueva versión adquiere estatuto de saber compartido.

No se trata de una “verdad absoluta”, pero sí de una verdad puesta en circulación.

Apareciendo, ese modo, otro concepto clave, que ya insinuamos líneas arriba: la intersubjetividad.

Lo intersubjetivo no es puramente objetivo ni puramente subjetivo. Es aquello que se construye entre ambas categorías, y que, sin dejar de estar atravesado por miradas personales, logra formar una zona común. 

2. Saberes objetivos subjetivados

En este caso, pero en sentido inverso, un dato, una teoría, una ley, una fecha, una estadística o un documento pueden tener origen objetivo, pero cuando alguien los recibe, los interpreta, los incorpora a su vida o los vuelve parte de una lectura del mundo, se subjetivan.

Ejemplo simple:

“En 1976 comenzó la última dictadura militar argentina.”

Como dato histórico, pertenece al campo de lo objetivo. Pero nadie recibe ese dato de manera neutra. Para una persona puede ser una fecha escolar; para otra, una herida familiar; para alguien más, el punto de partida de una investigación; para otra, una zona de militancia, memoria o duelo.

El dato es objetivo.
La inscripción del dato en la conciencia, en el cuerpo, en la memoria o en la escritura, es subjetiva.

El mismo criterio podríamos aplicar, por buscar ejemplos prácticos, en la crítica teatral. Una ficha técnica es objetiva:

Obra, autor, dirección, elenco, sala, fecha.

Pero cuando los datos de esa ficha se convierten en parte constitutiva de una reseña, o en una memoria de espectador, o en una comparación estética o en una toma de posición política, se carga de subjetividad. Y entonces sí, las categorías de objetivo y subjetivo se desplazan e hibridan en, por lo menos, cuatro zonas, a saber: 

Categoría

Qué sería

Saber objetivo

Dato verificable, documento, fecha, fuente, hecho comprobable.

Saber subjetivo

Percepción, intuición, experiencia íntima, sensibilidad, memoria personal.

Saber subjetivo objetivado

Una vivencia o intuición que se vuelve concepto, obra, teoría, tradición o saber compartido.

Saber objetivo subjetivado

Un dato o hecho que es apropiado, interpretado, afectado por la memoria, la ideología o la experiencia personal.

 

 

Ahora bien, habida cuenta de estas categorías, en tanto instauradas como tentativas, nos resulta inevitable la formulación de una quinta categoría, que involucra directamente a la función autoral poética como gestora de sus propios saberes, al mismo tiempo que como condensadora de los anteriores.   

3. Saberes poéticos o ficcionales

No son exactamente objetivos ni subjetivos, aunque se alimentan de ambos. Son saberes que no demuestran: revelan. Una obra de teatro, un cuento, una escena, no “prueban” algo del mismo modo que un ensayo académico. Pero pueden producir conocimiento. A veces incluso un conocimiento más profundo, porque no se limitan a explicar: generan y despliegan experiencia.[1]

Cuando Beckett pone a dos personajes esperando a alguien que nunca llega, no está ofreciendo un dato objetivo sobre la existencia. Pero produce un saber, o al menos una reflexión, sobre la espera, el vacío, la repetición, la intemperie. Un saber que no cabe del todo en la lógica del informe.

Tentativamente podríamos hablar de:

saber ficcional: conocimiento producido por una construcción imaginaria.
saber poético: conocimiento que aparece por imagen, ritmo, metáfora, condensación.
saber escénico: conocimiento producido por el cuerpo, la presencia, la acción y el convivio, como dinámicas complementarias.

Y esta categorización complementaria de lo ya expuesto, resulta de valiosa importancia, de cara a una teoría sobre escritura e IA.

Porque la IA puede manejar datos objetivos. También puede emular subjetividad. Pero la operación verdaderamente autoral aparece cuando una subjetividad humana decide qué hacer con esos materiales: qué aceptar, qué torcer, qué sospechar, qué herir y qué volver forma.

Por lo expuesto, no nos parece aventurado establecer que entre lo objetivo y lo subjetivo no hay una frontera fija e infranqueable, sino zonas de tránsito. Lo subjetivo puede objetivarse cuando se comparte, se argumenta o se transforma en forma cultural. Pero análogamente, lo objetivo puede subjetivarse cuando es interpretado, apropiado o atravesado por una experiencia singular. La escritura trabaja precisamente en esas fronteras móviles, hibridacionales.

Y así como el conocimiento humano no se divide simplemente entre hechos objetivos y percepciones subjetivas, también es posible que entre ambos se desplieguen y establezcan zonas de tránsito: saberes compartidos, interpretaciones estabilizadas, datos afectivamente apropiados, memorias convertidas en archivo y archivos devueltos a la vida a través de miradas singulares.

 4. A modo de conclusión tentativa 

¿Alcanza lo expuesto para configurar una epistemología de la escritura con IA, contribuyendo de ese modo a propiciar un tránsito orgánico del dato a la experiencia, y a la experiencia en materia transmisible? Dejamos abierto el interrogante, y la posibilidad de profundizar en el tema en una segunda parte de este trabajo, en la que actualmente trabajamos.

En cualquier caso, de todo posible análisis se desprenden otras alternativas de categorización, devenidas directamente de las mutaciones/ derivaciones operadas en los saberes iniciales, a las que podríamos categorizar, muy tentativamente, como saberes derivados o expandidos, trascendiendo de esta forma la dualidad saber objetivo/ saber subjetivo.

La confirmación de la humilde tentativa aquí sugerida resultaría, creemos, valiosa, de cara al estudio de una gramática que contemple y considere las posibilidades de la escritura dramática enriquecida con elementos de IA. [2]

LS 

Referencias y antecedentes conceptuales

— Levy Yeyati, Eduardo. Saberes. El riesgo de tercerizar en la IA las tareas complejas de pensamiento. La Nación, sección Ideas, 9 de agosto de 2025.

Berger, Peter L. y Thomas Luckmann. La construcción social de la realidad.

— Dubatti, Jorge. Filosofía del Teatro I: convivio, experiencia, subjetividad.

— Eco, Umberto. Obra abierta.

— Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método.

— Jauss, Hans Robert. La historia de la literatura como provocación y trabajos sobre estética de la recepción.

— Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas.

— Polanyi, Michael. Personal Knowledge.

— Polanyi, Michael. The Tacit Dimension.

— Popper, Karl. Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista.



[1] Buen ejemplo de la hibridación entre saberes objetivos y poesía resultan las llamadas metáforas epistemológicas, de las que nos ocuparemos en la segunda parte de este trabajo.

 Nota: Este artículo fue desarrollado por el autor con asistencia de herramientas de inteligencia artificial en tareas de organización, revisión y contraste de ideas. La concepción, el enfoque, la edición, la escritura final y la responsabilidad sobre el texto corresponden íntegramente al autor.